Por Luigi Maggioni, Responsable de Compras de Materias Primas de Sipcam Oxon
Desde el aumento del coste de la energía y la logística hasta la concentración de la producción en China, el precio de las materias primas utilizadas en la producción de productos fitosanitarios y fertilizantes está aumentando a un ritmo alarmante, con el consiguiente incremento de los costes para las explotaciones agrícolas y de los precios de los productos para el consumidor final. Italia, un país con escasez de materias primas, podría verse más afectada que otros por la falta de los fertilizantes necesarios para reanudar los ciclos de cultivo a partir de enero. La producción de algunas materias primas básicas utilizadas en la fabricación de productos fitosanitarios, desde el fósforo hasta el amoníaco y el cloro, requiere un elevado consumo de energía. Por este motivo, el reciente cierre de varias plantas europeas de producción de amoníaco y derivados nitrogenados debido al fuerte aumento del coste del gas ha tenido una gran repercusión mediática. También ha aumentado considerablemente el coste energético asociado a la electrólisis para la producción de cloro y sosa, con repercusiones en los precios finales de ambos productos, que se utilizan asimismo en numerosos sectores industriales.
En 2021, con la recuperación pos-Covid, la logística se convirtió en un factor limitante. La fuerte demanda de materias primas y la escasez de buques y contenedores, el cierre de algunos puertos asiáticos debido a la emergencia sanitaria y los oligopolios en el transporte marítimo internacional, concentrado en manos de unas pocas compañías, han disparado los costes. Un contenedor de 20 pies, que antes de la pandemia costaba 1.500 dólares estadounidenses en la ruta China-Europa, puede costar ahora entre cinco y siete veces más. El accidente del Canal de Suez del pasado mes de marzo, protagonizado por el “Ever Given”, un coloso de 224.000 toneladas que bloqueó el tráfico marítimo en una arteria esencial para el comercio mundial, agravó el problema y puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema. Para limitar los retrasos y evitar llegar al mercado cuando ya se han superado los plazos agronómicos, las empresas intentan anticipar los pedidos y los envíos, provocando de hecho nuevas congestiones.
China produce el 45 % de los productos químicos a nivel mundial, incluidos los intermedios y principios activos para productos fitosanitarios, que exporta a todo el mundo. Los principales operadores internacionales, como nosotros en Sipcam Oxon, disponen de plantas de síntesis a través de JV** (Joint Ventures) locales o de acuerdos de custom synthesis con industrias químicas chinas. A menudo, los principios activos se exportan para ser formulados posteriormente a nivel local, aunque también está creciendo la actividad de formulación directa en el gigante asiático. Al mismo tiempo, también está aumentando la producción de productos fitosanitarios en India, que a su vez depende de China para numerosos intermedios. Pekín ha fijado para 2060 el objetivo de convertirse en una potencia económica con cero emisiones, siguiendo la línea de lo que la UE prevé alcanzar para 2050. El objetivo de la neutralidad de las emisiones de CO2 es sin duda importante, pero está frenando la industria química china. Cada provincia tiene un límite/objetivo de emisiones que debe cumplir en 2021, pero a mediados de año ya se había alcanzado el umbral y el Gobierno central impuso drásticos recortes y reducciones del suministro energético. Esta medida provocó el cierre de numerosas plantas y una reducción de la producción de entre el 30 % y el 40 %, llegando hasta el 50 % en algunas provincias. En el coste de las materias primas también influye, por completar el panorama, la guerra comercial de aranceles entre Estados Unidos y China, que afecta, además de a los productos fitosanitarios, a otros sectores, como el de las tierras raras y minerales como el litio, esenciales para la producción de microchips y baterías.
¿Qué podemos hacer? Sería deseable diversificar las fuentes de abastecimiento. Tras el fuerte desplazamiento hacia China, desde hace varios años las inversiones en el sector están cambiando de dirección y se buscan nuevas oportunidades en otros países, empezando por India, al tiempo que se revaloriza la industria química europea, sin duda menos competitiva en términos de costes laborales, pero más fiable desde el punto de vista de la continuidad del suministro. Esto también estaría en línea con el objetivo de crecimiento sostenible establecido por Bruselas (Next Generation EU). Sin embargo, se espera que la UE adopte medidas para proteger la continuidad del suministro y hacer frente a los costes energéticos. La crisis actual pone de manifiesto la necesidad de recuperar el concepto de autosuficiencia, limitando la dependencia del mercado internacional y favoreciendo un nuevo desarrollo de la industria química en el Viejo Continente.